Las Cortinas
Allí estábamos mi amigo y yo, encogidos detrás de las cortinas temblando de miedo.
Esperábamos que el monstruo no se diera cuenta de nuestra presencia, se cansara y se fuera. Estábamos seguros de que pasaría de largo e incluso mi compañero me sonrió con confianza guiñándome el ojo. Entonces vi sus ojos rojos, sentí un agudo dolor en el cuello y un frío intenso en el corazón.
Desperté con otros ojos, otras manos, otras uñas, otro pelo, otros dientes.
Las cortinas estaban descorridas y mi alma ya no existía. Mi amigo yacía a mi lado en un charco de sangre con la yugular desgarrada y los ojos abiertos. Su cara desencajada en una eterna agonía mostraba el terror absoluto. Y me dio risa. Me daba gracia mirarle.
Tenía sed y bebí su sangre muerta, mientras coágulos llovían de mis lagrimales. Lloraba, reía e hipaba en un doloroso frenesí.
Mi vida había cambiado.
¿Que les pareció esta mini historia?
¿Les gusto? ¿Les dio miedo?
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