Los libros que salvan la vida

jueves, 10 de mayo de 2018

Artículos sacados de internet sobre temas afines a la literatura y los libros; como también
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¿Por qué contar historias, imaginar mundos distintos y dejar testimonio de nuestros sentimientos es constitutivo al ser humano? Antes, mucho antes de existir la escritura, los relatos eran orales y conformaban la columna vertebral de la identidad de un grupo como tal.

Las leyendas contaban la historia de esa antigua sociedad a la vez que mostraban el ideal del héroe fundador, los dioses que marcaban la ley, lo bueno y lo malo, lo aceptable y lo condenable. Todo estaba en esos relatos.

Los sueños a lo que aspira una sociedad también se desprenden de cómo se cuenta el pasado, cómo se reflexiona sobre el presente y la manera cómo educa a los jóvenes.

Muchos años después se fueron conformando formas de dejar registro de toda esta memoria colectiva. La escritura fue la bisagra que marcó el desarrollo humano, pero, cómo sabemos, eran muy pocos los que sabían leer.

Durante la Edad media, una Biblia manuscrita valía lo que una casa lujosa. Gutenberg, allá por el siglo XV, inventó la fabulosa máquina que llevaría las palabras a todos los hombres: la imprenta. La creación del hombre por excelencia.

Los inventos humanos venían a perfeccionar cualidades físicas que resultaban deficientes: el filo hace mejor el trabajo que los dientes y los dedos. La rueda mejora el desempeño de las piernas a la hora de trasladarse y llevar carga. La flecha atraviesa a la presa con más efectividad que atraparla por el pescuezo.

Pero el libro es otra cosa. El libro es un murmullo divino. El libro nos hace humanos, la palabra escrita es el testimonio de nuestro paso por el mundo.

La lectura nos mantiene despiertos, reflexivos, pone nuestro cerebro a trabajar y rechaza la pereza mental. Pero también no lleva a conciliar el sueño y a recuperar la calma. El trabajo del lector es tan maravilloso como el del autor.

Cuando leemos atravesamos las épocas y nos damos el lujo de conversar con Cervantes, con García Marquez, con Kafka, con Borges. Nos convertimos en sus interlocutores: asentimos, discutimos, nos enojamos, mientras nos invitan a practicar el ejercicio más enriquecedor que existe: ponerse en el lugar de otro.

Ese otro puede ser San Martín cruzando enfermo la cordillera o una mendiga pidiendo un pedazo de pan en la Europa de la peste negra. Un buen autor nos lleva a meditar exhaustivamente ante un dilema ético o y otro nos invita a defender la tierra en una distopía que nos hace sentir que en realidad todavía tenemos mucho para luchar.

Leer es vivir mil vidas y mientras más pequeños comiencen los chicos a aventurarse en los mundos de los libros, más permeables serán a empatizar con lo diferente, a comprender realidades distintas y a pensar por fuera de estereotipos convencionales.

La lectura estimula los sentidos y despierta las emociones, le pone nombre a las cosas de este mundo: al de afuera, pero también al de adentro. Cuántas veces sentimos que un personaje define exactamente lo que sentimos. Aquello que nunca pudimos explicar y no por no encontrar las palabras sino porque de tan abstracto se nos escabullía en los pliegues abarrotados de nuestros pensamientos.

¡Hay una sensación más maravillosa que encontrar un párrafo o una oración en un libro y tener la certeza de que es perfecta! Cierro el libro, cierro los ojos, como si quisiera que desaparezca el mundo a mi alrededor y que sólo quede esa serie de palabras mágicamente encadenadas. El lazo invisible que nos unirá a ese autor será indestructible mientras esa voz siga vibrando y moviendo nuestras cuerdas más íntimas.

Muchas veces cambiamos y cambian las palabras que nos sacuden los sentidos.

“Leer a Marechal me cambió la vida cuando tenía 15 años” me contaba un amigo hace poco. “Lo volví a leer ahora y fue distinto, no me llegó tanto” se lamentó.

¿Marechal es el mismo? ¿mi amigo es el mismo?

Adán Buenos Aires juega al ajedrez con este hombre y la partida resulta distinta que cuando jugó con aquel adolescente hace 40 años.

Los libros son animales vivos y los alimentamos cada vez que atravesamos las líneas y pasamos las páginas. Respiran cuando abrimos la tapa y les entra el oxígeno como en un fuelle. Los libros nos transforman. Nunca seremos los mismos después de conocer a esas creaturas. Jamás cometas el error de pensar que un libro en un objeto inanimado.

5 comentarios:

  1. Holaaa, muy buen artículo, me quedo con que las lecturas nos cambian, cada palabra que vamos leyendo nos cambia el pensamiento y a veces regresar al primero ya no nos parece lo mismo, y se me hace algo increíble :D
    ¡Beesos! :3

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  2. Me gusto la frase final , es muy cierta. es un genial articulo

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  3. Hola:
    Me ha encantado el artículo. A mi me parece mágico como hay ciertos libros que nos llegan y nos cambian la vida, se convierten en una parte de nosotros. A mi me gustaría leer como si fuera la primera vez esos libros que me han marcado porque sientes algo tan especial.
    Besos

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  4. ¡Hola!
    ¡Qué bien el artículo para reflexionar!. O al menos a mi me ha dado qué pensar. Sobre todo me ha gustado el último párrafo, sobre qué los libros son sere con vida.
    Es tan cierto que los libros nos influyen, nos hacen reaccionar hacia ciertas cosas y pensar, nos hacen pensar mucho. Son maravillosos :)
    Un saludo
    Yes, we can read together

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