




















- Datos Técnicos:
Título: La Felicidad es un Té Contigo
Autora: Mamen Sánchez
Editorial: Espasa
Año de publicación: 2013
Género: Romántico/ Comedia
Páginas: 336
- Sinopsis:
La inexplicable desaparición del gentleman Atticus Craftsman en el corazón de las tinieblas de la España profunda parece estar relacionada con las malas artes de cinco mujeres desesperadas, las empleadas de la revista Librarte, capaces de cualquier cosa con tal de conservar su trabajo.
El inspector Manchego será el encargado de desenredar una trama en la que la comedia romántica se mezcla con el drama más tierno, la intriga policiaca desemboca en el mayor hallazgo literario de todos los tiempos, lo difícil se vuelve fácil y los problemas se ahogan en un mar de lágrimas... de risa. Todo esto para terminar descubriendo, qué cosas, que el amor lo explica todo.
- AVISO PARA LECTORES:
Esta novela puede afectar seriamente su percepción pesimista de la realidad. Provoca carcajadas y ganas de más. Sus personajes son como los hijos: cuanto más tropiezan, más se les quiere. Cuidado con sus corazones: les pueden entrar ganas irrefrenables.
Reseña Esplendor secreto - Nora Roberts
Información básica:
Nº de páginas: 252 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: HARLEQUIN IBERICA, S.A.
Género: Contemporáneo
Sinopsis:
El teniente Seth Buchanan se hallaba cara a cara con una mujer muerta... que empuñaba una pistola. Su investigación por homicidio, y su corazón, se volvieron un torbellino cuando Grace Fontaine resultó estar viva y coleando... y en posesión de uno de los enormes diamantes azules conocidos como las Estrellas de Mitra.
Aquel frío y circunspecto policía no permitía que los sentimientos se interpusieran en su trabajo, y todo lo que sabía sobre la famosa heredera le inducía a pensar que era puro veneno. Pero en su irresistible presencia resultaba difícil recordar que hubiera otros misterios más importantes que resolver que la propia Grace.
Opinión:
Como digo de esta trilogía, uno de los mejores libros que he leído en mi vida. En mi opinión Nora Roberts culmina esta saga con gran dosis de suspense, drama y como no podía faltar su toque especial para la trama. Reencarnaciones reencontradas, secuestros, y un malo psicópata que no podía faltar.
En relación a los protagonistas me encanta el aire que le da a Grace... ese toque de << a mi no me importa una mierda lo que pase con el mundo >> y sin embargo que por dentro este tan tocada, que sea tan amable, bondadosa... por explicarlo en alguna manera que se pueda describir... buena, buena gente, buena persona, guapa por fuera y bellísima por dentro. Sin embargo el papel protagonista masculino, es decir Seth... pues lo mataría jajaa perdonad mi sinceridad, pero es el típico engreído que no ve mas allá de las apariencias, y a pesar de tener las evidencias de que las cosas no son como el cree, sigue insistiendo, sin importarle, o lo que es peor, sin ni siquiera darse cuenta del daño que hace a los demás. Una relación muy tormentosa que me engancha y me rabia a partes iguales. Un final soberbio tanto para la trama como para la pareja ( aunque no me importaría que se comiera un poco mas de polvo, en lo que le perdona xD)
La familia de Grace... sinceramente... no tengo palabras para expresar el asco que provocan y el odio que les tengo. Solo envidian el dinero de Grace y de corazón, lamento y echo muchísimo en falta en el libro una escena donde se los pusiesen a todos en su lugar, porque a ese trato no hay derecho....
Mi puntuación: 9/10!! Muy muy recomendable!
Fragmentos:
-Tu tía no tenía razón -dijo otra vez-.Y ha sido cruel. Tú no tienes la culpa.
-Claro que la tengo -ella se apartó e intentó meter la llave en la cerradura de la puerta del coche. Tras tres intentos fallidos, abandonó y las llaves cayeron tintineando al pavimento mojado mientras él la tomaba en sus brazos.
-Oh, Dios -estremeciéndose, ella apretó la cara contra su pecho-. Oh, Dios.
Seth no quería abrazarla, no quería ser él quien la consolara. Pero sus brazos la rodearon antes de que pudiera detenerse, y una mano acarició su pelo.
-No te merecías eso, Grace. No has hecho nada para merecerlo.
-No importa.
-Sí, sí que importa -Seth se sintió flaquear, la atrajo hacia sí, intentando disipar sus temblores-. Siempre importa.
-Sólo estoy cansada -Grace se apretó contra él mientras la lluvia densificaba el aire. Allí había fortaleza, se dijo. Era un refugio. Una respuesta-. Sólo estoy cansada.
Alzó la cabeza y sus bocas se encontraron antes de que se dieran cuenta de que lo deseaban. Grace emitió un leve gemido de gratitud y alivio. Abrió su corazón magullado al beso y, cerrando los brazos alrededor de Seth, lo urgió a tomarlo.
Llevaba mucho tiempo esperándolo, y, demasiado aturdida para preguntarse el porqué, se ofreció a él. Sin duda el consuelo, el placer y aquel deseo que todo lo consumía eran razones suficientes. La boca de Seth era firme, la que siempre había querido. Su cuerpo era duro y sólido, el complemento perfecto para ella. «Aquí está», pensó dejando escapar un profundo suspiro de felicidad.
Seguía temblando, y Seth sintió que sus propios músculos se estremecían. Deseaba tomarla en brazos, alejarla de la lluvia y llevarla a algún lugar tranquilo y oscuro donde pudieran estar solos. Donde pudieran pasar una eternidad juntos.
El latido del corazón le atronaba la cabeza, amortiguando el ruido de los coches que se deslizaban chapoteando sobre el pavimento mojado, más allá del aparcamiento. Sus rápidas palpitaciones ensordecían la vocecilla de advertencia que pugnaba por hacerse oír en un rincón de su cerebro, diciéndole que se retirara, que se alejara de allí. Nunca había deseado nada tanto como deseaba perderse en ella y olvidarse de las consecuencias.
Embargada por la emoción y el deseo, Grace lo abrazaba con fuerza.
-Llévame a casa -murmuró contra su boca-. Seth, llévame a casa, hazme el amor. Necesito que me toques. Quiero estar contigo -su boca buscó de nuevo la de Seth en una súplica desesperada de la que no se creía capaz.
Cada célula del cuerpo de Seth ardía de deseo por ella. Todos sus deseos parecían haberse fundido en uno solo, y era por ella. Su reconcentración casi violenta le hacía sentirse vulnerable y trémulo. Y furioso. Poniendo las manos sobre sus hombros, la apartó.
-Para algunos, el sexo no lo soluciona todo.
Su voz no había sonado tan fría como pretendía, pero sí lo bastante crispada para impedir que Grace le tendiera de nuevo los brazos. ¿Sexo?, pensó ella mientras intentaba aclarar sus confusas ideas. ¿De veras creía él que se refería a algo tan simple como el sexo? Entonces se fijó en su semblante, en la línea endurecida de su boca, en la leve expresión enojada de sus ojos, y se dio cuenta de que así era. Su orgullo quedó hecho jirones, pero logró aferrarse a unos cuantos hilos.
-Parece que para ti no lo es -alzando la mano, se atusó el pelo y se enjugó las gotas de lluvia de la cara-. O, si lo es, eres de los que se empeñan en llevar la iniciativa -curvó los labios, a pesar de que los tenía fríos y rígidos-. Te habría parecido genial si hubieras dado tú el primer paso. Pero, si lo doy yo, eso me convierte en una... ¿Cómo me llamarías tú? ¿Una perdida?
-No creo que usara ese término.
-No, eres demasiado comedido para recurrir a los insultos -Grace se agachó, recogió sus llaves mojadas y las agitó en la mano mientras observaba a Seth-. Pero tú también me deseabas, Seth. Tu autodominio no ha sido suficiente para enmascarar ese pequeño detalle.
-No espero poseer todo lo que deseo.
-¿Y por que no? -ella dejó escapar una risa breve y seca-. Estamos vivos, ¿no? Y tú, más que nadie, deberías saber lo angustiosamente corta que puede ser la vida.
-No tengo que explicarte cómo vivo mi vida.
-No, claro. Pero es evidente que estás muy dispuesto a cuestionar cómo vivo yo la mía -su mirada se deslizó más allá de él, hacia las luces que iluminaban el tanatorio-. Estoy muy acostumbrada a eso. Hago lo que me viene en gana, sin pensar en las consecuencias. Soy egoísta, egocéntrica y despreocupada -alzó un hombro mientras se daba la vuelta y abría la puerta del coche-. En cuanto a los sentimientos, ¿qué derecho tengo a ellos? -se metió en el coche y le lanzó una última mirada. Su boca se a curvó con seductora facilidad, pero aquella sonrisa provocativa no alcanzó sus ojos, ni ocultó el dolor de su expresión-. En fin, quizás en otra ocasión, guapo.
Seth vio alejarse su coche entre la lluvia. Habría otra ocasión, se dijo, aunque no fuera más que porque no le había mostrado la fotografía. No había tenido valor, pensó, para aumentar su infelicidad esa noche.
Sentimientos, pensó mientras se dirigía hacia su coche. Grace los tenía a raudales. Seth sólo deseaba poder comprenderlos. Se metió en el coche y cerró la puerta. Ojalá entendiera los suyos propios.
Por primera vez en su vida, una mujer tenía su corazón en las manos. Y lo estaba estrujando.
--------------------------------------------------
Seth observó cómo se contoneaba mientras caminaba hacia la casa y, en cuanto la puerta se cerró tras ella, él cerró los ojos. Cielo santo, pensó, estaba enamorado de Grace.Y lo suyo era totalmente imposible.
Dentro de la casa, Grace recorrió casi bailando el pasillo. Estaba enamorada. Y era maravilloso. Era nuevo, fresco, inusitado. Era lo que había estado esperando toda su vida. Su rostro brillaba cuando entró en la cocina y encontró a Bailey y a Cade sentados a la mesa , tomando un café.
-Buenos días, tropa -canturreó mientras se acercaba la cafetera.
-Buenos días -Cade se mordió la lengua para no echarse a reír-. Me gusta tu pijama.
Riendo, ella llevó su taza a la mesa, se inclinó y le plantó un beso en la boca.
-Te adoro. Bailey, adoro a este hombre. Será mejor que lo ates en corto pronto, no vaya a ser que se me ocurran malos pensamientos.
Bailey sonrió soñadoramente mirando su café y luego alzó los ojos húmedos y brillantes,
-Nos casamos dentro de dos semanas.
-¿Qué? -Grace agitó su taza y el café estuvo a punto le derramarse-. ¿Qué? -repitió, y se dejó caer en una silla.
-Cade no quiere esperar.
-¿Para qué iba a esperar? -Cade tomó la mano de Bailey sobre la mesa-. Te quiero.
-¡Casaros! -Grace miró sus manos unidas. Una pareja perfecta, pensó, y dejó escapar un suspiro tembloroso-.Es maravilloso. Es increíblemente maravilloso -posando una mano sobre las de ellos, miró a los ojos a Cade. Y vio exactamente lo que quería ver-. Serás bueno con ella -no era una pregunta, era una constatación. Tras apretar rápidamente su mano, se recostó de nuevo en la silla-. Bueno, una boda que preparar y sólo dos semanas para hacerlo. Vamos a volvernos todos locos.
-Sólo va a ser una pequeña ceremonia -comenzó a decir Bailey-. Aquí, en casa.
-Voy a decir una sola palabra -dijo Cade con voz suplicante-. Fuguémonos.
-No -Bailey sacudió la cabeza, se echó hacia atrás y tomó su taza-. No voy a empezar nuestra vida en común ofendiendo a tu familia.
-Mi familia no es humana. No puedes insultar a unos seres inhumanos. Muffy traerá a las bestias con ella.
-No llames bestias a tus sobrinos.
-Espera un momento -Grace levantó una mano y frunció el ceño-. ¿Muffy? ¿Muffy Parris Westlake? ¿Es tu hermana?
-Me temo que sí.
Grace consiguió reprimir a duras penas una carcajada.
-Entonces, Doro Parris Lawrence es tu otra hermana -alzó los ojos, imaginándose a aquellas dos irritantes y vanidosas señoronas de Washington-. Bailey, huye, por tu vida. Vete a Las Vegas. Cade y tú podéis casaros delante de un juez disfrazado de Elvis y pasar una vida tranquila y deliciosa en el desierto. Cambiad de nombre. No volváis nunca.
-¿Lo ves? -complacido, Cade dio una palmada sobre la mesa-.Ya te lo decía yo.
-Dejadlo ya los dos -Bailey logró contener la risa, pero le tembló la voz-. Celebraremos una ceremonia sencilla y austera... con la familia de Cade -sonrió a Grace-.Y la mía.
-Sigue intentándolo tú -Cade se levantó-.Yo tengo un par de cosas que hacer antes de irme a la oficina.
Grace volvió a levantar su taza.
-No conozco mucho a su familia -le dijo a Bailey-. He logrado ahorrarme ese pequeño placer, pero puedo decirte que, por lo que he oído, te llevas lo mejor de esa casa.
---------------------------------------------------------------
Seth estaba apenas a seis kilómetros de la casa cuando recibió otra llamada. Descolgó su teléfono y gruñó:
-Buchanan.
-Teniente, soy el detective Marshall otra vez. Acabo de enterarme de que ha llegado aviso de una alarma. Un supuesto robo en el 2918 de East Lark Lane, Potomac.
-¿Qué? -por un instante, su mente quedó en blanco-. ¿Grace?
-Reconocí la dirección por el caso de homicidio. Su sistema de alarma se ha disparado y no contesta a las llamadas de comprobación.
-Estoy a cinco minutos de allí -ya estaba dando media vuelta, haciendo chirriar los neumáticos-. Avise a los dos coches patrulla más cercanos. Inmediatamente.
-Ya estoy en ello.Teniente...
Pero Seth ya había tirado a un lado el teléfono.
El sistema de alarma era nuevo, se dijo, procurando calmarse y pensar con claridad. Los sistemas nuevos a menudo fallaban.
Grace estaba enfadada, no contestaba al teléfono, hacía caso omiso de aquel alboroto. Sería muy propio de ella. Seguramente estaría sirviéndose otra copa de champán, en actitud desafiante, maldiciéndolo a él. Tal vez incluso hubiera hecho saltar ella misma el sistema de alarma, sólo para que él volviera a toda prisa con el corazón en un puño. Sería muy propio de ella.
Pero eso tampoco era cierto, se dijo Seth mientras derrapaba al doblar una esquina. No era propio de ella en absoluto.
Las velas ardían aún en las ventanas. Seth intentó tranquilizarse pensando en eso mientras frenaba en la rampa de la casa y salía a todo correr del coche. La cena todavía estaría caliente, la música seguiría sonando, y Grace estaría allí, de pie bajo su retrato, furiosa con él.
Golpeó salvajemente la puerta antes de lograr refrenarse. Ella no contestaría. Estaba demasiado enfadada para contestar. Cuando el primer coche patrulla aparcó, Seth se volvió y mostró su placa.
-Revisen el lado este -ordenó-.Yo iré por el oeste.
Dio media vuelta y se dirigió al lateral de la casa. Advirtió el fulgor del agua azul de la piscina a la luz de la luna, y de pronto se filtró en su cabeza la idea de que nunca la habían usado juntos, nunca se habían deslizado en el agua fresca desnudos. Entonces vio los cristales rotos. Y el corazón, sencillamente, se le paró. Sacó el arma y cruzó la cristalera rota sin pensar en el procedimiento. Alguien estaba gritando el nombre de Grace corriendo de habitación en habitación, poseído por un pánico ciego. No podía ser él. Y, sin embargo, se halló de pronto en las escaleras, jadeante, frío como el hielo, aturdido por el miedo, observando a un policía que se agachaba para recoger un trapo.
-Huele a cloroformo, teniente -el agente vaciló, dio un paso hacia el hombre que se aferraba a la barandilla-. ¿Teniente?
Seth no podía hablar. Había perdido la voz. Su mirada borrosa se movió, posándose en el rostro del retrato. Lentamente, con gran esfuerzo, logró ampliar su visión y ponerse de nuevo la máscara de la serenidad.
-Registren la casa. Palmo a palmo.
Reseña hecha por:
Reseña Estrella Cautiva - Nora Roberts
Información básica:
Nº de páginas: 256 págs.
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
Editorial: HARLEQUIN IBERICA
Género: Contemporáneo
Sinopsis:
Debería haber sido pan comido. Lo único que tenía que hacer era atrapar a una hermosa mujer que había violado la libertad condicional y ni siquiera se molestaba en esconderse. Pero el cínico caza recompensas Jack Dakota descubriría muy pronto que en M.J. O’Leary no había nada fácil... ni tampoco en aquel caso. Alguien les había tendido una trampa. De pronto, se hallaban esposados el uno al otro y con un par de matones a sueldo pisándoles los talones. Y M.J. se negaba a hablar, incluso después de que Jack encontrara en su bolso un gigantesco diamante azul. Todo le decía a Jack que aquella seductora y astuta mujer no era trigo limpio. Todo, salvo su corazón cautivo.
Opinión:
El segundo libro de la trilogía de Las Estrellas de Mithra. A mi parecer este libro no tiene ningún desperdicio. Tengo una clara inclinación hacia los hombres románticos y un poco dulces como Cade, pero sin duda Jack esta en el ranking de mis favoritos.
¿A quien no le gusta un caza recompensas? Vida al limite, un cuerpo de infarto, coleta... el sueño de muchas mujeres, incluida MJ, que hubiera caído rendida sino fuera porque se pasan el libro peleando como el perro y el gato. Una pareja feliz jajaja
Tardan en tener feeling y reconocer que lo que sienten por el otro es algo mas que deseo sexual, pero cuando lo hacen se abre un mundo nuevo de oportunidades y se descubre a un Jack mucho mas profundo (no el idiota que aparenta al principio) y que intentara por todos los medios mantener a su chica a salvo, cosa que no es fácil.
Mj es cinturón negro, tiene un bar irlandés y esta acostumbrada a librarse de los problemas... a patadas. Esta mujer con su fuerza y espíritu me encanta, así como también es capaz de pensar con la cabeza fría, ser capaz de "obedecer" en momentos de peligro y mantener a un hombre como Jack enredado alrededor del dedo sin ningún problema. Esta chica es capaz de adelantarse a los pasos de Jack cosa que me hizo sacar mas de una carcajada... o dos...
Pruebas falsas, asesinatos, un diamante del tamaño de un puño, derrapes y muchos tiros, sin duda el libro ideal para los amantes de aventuras como nuestros protas.
Recomendación: 10!! Súper recomendable!!
Fragmentos:
—¿Sabes usar una pistola?
M.J. tomó el arma.
—Sí.
—Esperemos que no tengas que hacerlo. Abróchate el cinturón, si puedes —sugirió él mientras doblaban otra esquina. M.J. se golpeó el codo contra el salpicadero—.Y no me apuntes con esa cosa.
—Sé manejar un arma —ella apretó los dientes y procuró calmarse mientras miraba por la ventanilla de atrás—. Tú sigue conduciendo. Se están acercando.
Jack miró por el retrovisor y calculó la distancia que los separaba de los faros que se acercaban.
—Esta vez, no —dijo.
Avanzaba por las calles serpenteando, tocando el freno, pisando el acelerador, girando el volante de tal modo que los neumáticos chirriaban. El desafío, la sensación vertiginosa de la velocidad, le hacía sonreír.
—Me gusta hacer esto con música —dijo, y puso la radio a todo volumen.
—Estás loco —pero ella también sonrió—. Quieren matarnos.
—Y la gente que vive en el infierno quiere helados de cucurucho —tomó una calle de cuatro carriles y puso el coche a ciento treinta—. Este tanque no parece gran cosa, pero se mueve.
—Y la furgoneta también. No los has perdido.
—Aún no he empezado —miró a derecha e izquierda a toda prisa y se saltó un semáforo en rojo. Había poco tráfico, incluso cuando cruzaron a toda velocidad el centro de la ciudad—. Ese es el problema de Washington —comentó—. No tiene vida nocturna. Sólo políticos y embajadores.
—Pero tiene dignidad.
—Sí, ya —Jack tomó una curva a noventa y comenzó a serpear por aquella conejera de estrechas bocacalles y rotondas. De pronto oyó un chasquido metálico. Una bala había dado en su parachoques—. Parece que se están enfadando.
—Creo que intentan reventar las ruedas.
—Pues las acabo de comprar.
Viejas o nuevas, pensó ella, si una bala reventaba la goma, todo se habría acabado. M.J. respiró hondo, contuvo el aliento y, sacando medio cuerpo por la ventanilla, disparó.
—¿Estás loca? —a Jack le dio un vuelco el corazón y estuvo a punto de estrellarse contra una farola—. Mete la cabeza antes de que te la vuelen.
Ella disparó de nuevo.
—¿No querían jugar? —el tercer tiro alcanzó un faro. El ruido de cristal roto disparó su adrenalina. Poco importaba que hubiera apuntado al parabrisas—. Les he dado.
Jack dejó escapar un gruñido, le agarró de las posaderas de los vaqueros y tiró de ella. Por primera vez en su vida, le temblaron las manos al volante.
—¿Quién te crees que eres, Bonnie Parker?
—Se están retirando.
—No, yo les estoy dejando atrás. Deja que yo me ocupe de esto, ¿quieres?
Zigzagueó por las calles hasta salir a la avenida de cuatro carriles, la cruzó a toda velocidad y derrapó en la mediana con una serie de golpes cuyo estruendo hacía crujir los huesos. Saltaron chispas como estrellas cuando el acero rozó el asfalto. Con una habilidad que admiró a M.J., Jack viró describiendo un amplio arco y se dirigió hacia el norte.
—Lo están intentando —ella se giró en el asiento y asomó la cabeza por la ventanilla otra vez, a pesar de que Jack no paraba de rezongar—. Creo que no van a... —lanzó una maldición al oír un ruido de metal que se aplastaba—. Están retrocediendo. Se dirigen al norte por el nudo sur.
—Ya lo veo. No necesito que me hagas la retransmisión. Mete la cabeza. Y abróchate el cinturón.
Jack tomó a cien por hora el puente que llevaba a la autopista de circunvalación. Calculó que había ganado tiempo suficiente para escapar. Tomó derrapando el primer desvío y se adentró en Maryland.
—Los has perdido —M.J. se acercó a él y le dio un beso entusiasta en la mejilla—. Eres genial, Dakota.
—Tienes mucha razón —Jack estaba temblando. En cuanto creyó que podía permitírselo, se apartó al arcén y borró la sonrisa de la cara de M.J. agarrándola por los hombros y dándole un fuerte zarandeo—. No vuelvas a hacer una cosa así. Tienes suerte de que no te hayan volado los sesos.
—Corta el rollo, Jack
-------------------------------------------------------------
—No era más que un jodido trabajo.
—Nadie te ha pedido que sea otra cosa.
Él achicó los ojos y dio un paso adelante con expresión retadora.
—Pero es otra cosa.
—Sí —ella bajó las manos y alzó la barbilla—. ¿Qué vas a hacer al respecto?
—Ya se me ocurrirá algo —Jack se acercó lentamente a la cómoda, recogió el diamante y volvió a dejarlo—. Pensaba que sólo eran las circunstancias, pero no es verdad —se dio la vuelta y observó su semblante—. Habría ocurrido de todos modos.
El corazón de M.J. comenzaba a aquietarse, sus latidos se hacían más densos.
—Yo también lo creo.
—Está bien —asintió él, afirmando los pies—. Dilo tú primero.
—No —ella frunció los labios—. Tú.
—Maldita sea —se pasó la mano por el pelo mojado y se sintió un tonto—. Está bien, está bien —masculló, aunque ella esperaba pacientemente, sin decir nada. Los nervios le cosquilleaban bajo la piel, sus músculos se tensaban como alambres, pero la miró fijamente a los ojos—. Te quiero —ella respondió rompiendo a reír a carcajadas. Jack apretó los dientes hasta que empezó a vibrarle un músculo en la mandíbula—. Si crees que puedes tomarme por un pardillo, nena, te equivocas.
—Perdona —ella sofocó otra risotada—. Es que parecías tan hecho polvo, tan mosqueado... Tu romanticismo me mata.
—¿Qué pasa? ¿Es que quieres que te lo cante?
—Puede que más tarde —se echó a reír otra vez, y su risa llenó la habitación—. Por ahora voy a dejarte en paz. Yo también te quiero. ¿Mejor así?
El estómago helado de Jack comenzó a derretirse.
—Podías intentar ser un poco más seria. No creo que esto sea para reírse.
—Míranos —ella se tapó la boca con la mano y se sentó a los pies de la cama—. Si no es para reírse, no sé para qué es.
------------------------------------------------------------
—¿Grace en un partido de béisbol? —ella soltó un soplido—. Sí, ya.
—Es una buena tapadera —comenzó a decir él, y frunció el ceño—. ¿Tu amiga tiene algo contra el deporte nacional?
—A Grace no le interesan mucho los deportes. Pero un desfile de alta costura o una buena ópera...
Ahora fue él quien soltó un soplido.
—¿Y sois amigas?
—Eh, que yo he ido a la ópera.
—¿Encadenada?
Ella se echó a reír.
—Prácticamente. Sí, somos amigas —dejó escapar un suspiro—. Supongo que, a simple vista, es difícil entender por qué. La empollona, el chicazo y la princesa. Pero encajamos.
Reseña hecha por:
"Todo el material del blog se encuentra disponible en la biblioteca, los links caídos no son repuestos ni se envía nada por e-mail".